Christopher Cross, conocido como Chris, un cajero de buenas maneras casado con Adele, una mujer a la que no ama, es un pintor aficionado que se cruza una noche con Kitty, a la que cree salvar de un atraco cuando lo único que está haciendo es discutir con su amante. Se enamora de ella. Johnny, el amante de Kitty, le pide a Cross, que se ha hecho pasar por un pintor importante, que trabaje para él.
Consigue que alquile un piso donde pueda alojarla y mantenerla mientras pinta. Chris se ve obligado a robar en su trabajo para conseguir el dinero. Con la complicidad de Kitty, el amante vende los cuadros de Chris a escondidas: los cuadros interesan mucho a un crítico de arte, que los compra a un precio muy alto.
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